“Venís a nuestra fábrica y parece un cementerio de maquinaria porque la mayoría está apagada o funciona apenas una vez por semana”, describió Emmanuel Fernández, fabricante de zapatillas Kioshi, para ilustrar la grave situación que atraviesa su sector. Fernández, quien produce íntegramente cada par de calzado, desde la suela hasta la capellada, reconoció que racionar la producción es “totalmente ineficiente”, pero lo considera una estrategia para resistir hasta que la situación se revierta y el Gobierno preste atención a las pymes.

“Llegamos a tener casi 120 empleados y hoy somos 15. Es una realidad terrible. La situación del calzado está prácticamente terminal”, afirmó Fernández durante el streaming Ahora Play. En su mejor momento, entre 2022 y 2023, la fábrica alcanzaba casi 40.000 pares mensuales; ahora apenas llega a 10.000. Sus zapatillas se comercializan con un precio promedio de entre 35.000 y 50.000 pesos.
A nivel nacional, la producción de calzado cayó de un promedio histórico de 120 millones de pares anuales a 80 millones en 2025, y el primer trimestre de 2026 registra una baja del 25% respecto al mismo período de 2024, citó Fernández datos de la Cámara Industrial de Calzado.
El empresario atribuye la crisis principalmente a la fuerte caída del consumo, más que a las importaciones. “Argentina pasó de vender casi cuatro pares per cápita a dos, niveles similares a Perú y Bolivia, y esta tendencia sigue agravándose. El último mes vimos cómo cierran locales comerciales. Me llaman diciéndome que no van a renovar el alquiler porque no lo pueden soportar, y muchos fabricantes cierran sus talleres y los alquilan para actividades distintas, como talleres mecánicos, para no fundirse”, relató Fernández.
Aunque admitió que en 2024 hubo un “aluvión impresionante” de importaciones, así como la entrada de muchas falsificaciones por las fronteras, resaltó que la preocupación por la importación quedó en un segundo plano ante el desplome del consumo: “Este último mes incluso bajó un poco la importación porque hay mucho sobrestock que no se vende. El problema principal es el consumo. Cuando se reactive, podremos discutir la cuestión de las importaciones”.
Fernández también señaló otros problemas que afectan a las pymes, como las dificultades para acceder a créditos en un contexto financiero saturado y la morosidad en los pagos: “Se vende poco y se cobra peor. Recibimos cheques rechazados de clientes que, en muchos casos, no buscan estafar, sino que simplemente no tienen con qué cubrirlos”.
El empresario subrayó que la competencia con productos importados, especialmente asiáticos, es desigual debido al fuerte aumento de los costos energéticos y financieros que deben afrontar las pymes argentinas, mientras que a los productos importados se les redujeron recientemente los aranceles.
En cuanto a la productividad, Fernández aseguró que algunas fábricas argentinas cuentan con maquinaria y tecnología equivalente a la asiática, aunque reconoció que la escala de producción es menor. Criticó además el discurso oficial que señala la falta de competitividad de la industria nacional: “El textil, el calzado y otros sectores industriales frente a Asia, hoy somos todos ‘improductivos’. El tema es qué quiere el país en términos de desarrollo productivo. Llevamos años en un régimen que permite la importación indiscriminada y se cierran las puertas para la producción local; así nunca podrá existir un desarrollo”.
La historia de Fernández refleja los vaivenes económicos del país. Kioshi nació en 2016, tras el cierre de la fábrica de la marca internacional para la que él trabajaba. Un grupo de 19 exempleados fundaron su propia planta ante el retiro de esa empresa. “Los primeros años, durante el gobierno de Mauricio Macri, fueron muy difíciles, aunque había algo de consumo y las ventas crecían semana a semana”, recordó.
Con la pandemia y el auge del comercio electrónico, las ventas se dispararon y la fábrica alcanzó 120 empleados, hasta que la caída del consumo le obligó a reducir personal en casi un 90%. “Cada mes creemos que tocamos piso y al siguiente la situación empeora”, lamentó, y concluyó: “La situación del calzado es casi terminal”.
**El «rulo» de las 12 cuotas**
Además de la falta de consumo, Fernández advirtió sobre una nueva problemática: las “ventas canceladas”. Se trata de una maniobra que algunos usuarios aplican para financiarse mediante tarjetas de crédito.
“Un fenómeno que me llamó la atención y que vi en redes sociales es que la gente compra en 12 cuotas y luego cancela la operación para obtener el dinero de vuelta. Es como un préstamo. Hacían la compra en 12 cuotas, la cancelaban y la plataforma les devolvía el total inmediatamente. He tenido muchas ventas con esta modalidad”, explicó.
“En otras palabras, la gente no llega a fin de mes y se financia incluso con estas prácticas”, agregó Fernández.
Debido a entre 10 y 12 operaciones de este tipo en los últimos días, la empresa decidió eliminar la opción de pago en 12 cuotas. “En la fábrica cobraban montos de 200.000 o 300.000 pesos que eran cancelados al instante. Eran compras en 12 cuotas que luego se cancelaban para obtener el efectivo, mientras se financian pagando un interés que no sé cuál será”, concluyó.
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