La Segunda Guerra Mundial había terminado, pero para la familia Bracci, la tranquilidad aún parecía un lujo inalcanzable. Tras escapar de los bombardeos que devastaron Roma, Marta y Terier se establecieron con sus seis hijos en Prima Porta, un barrio humilde en las afueras de la ciudad.

Intentaron comenzar de nuevo en ese entorno, aunque la pobreza y los constantes conflictos familiares persistieron. Annarella, cuyo nombre completo era Anna Maria Bracci, nació el 15 de diciembre de 1937 y era la tercera de los hermanos. En 1949, cuando tenía 11 años, su padre abandonó el hogar llevándose consigo a los dos hijos menores, situación que marcó la ruptura definitiva del matrimonio a causa de la pobreza y las discusiones.
Sin recursos suficientes para mantener a los niños que quedaban bajo su cuidado, Marta comenzó a prostituirse, hecho que rápidamente se difundió en el vecindario. Sin embargo, Annarella siempre trató de mantenerse alejada de ese ambiente, ayudando a los vecinos con mandados, ganando algunas monedas y pasando el menor tiempo posible en casa.
En el hogar, la niña debía soportar a su hermano Mariano, quien había perdido una pierna en un accidente y se había vuelto violento, además de la presencia de Adam Moroni, el nuevo amante de su madre. La relación entre Marta y Annarella se deterioró cuando Terier denunció a su esposa por infidelidad y la niña fue llamada a declarar en el tribunal. Su testimonio, imparcial pero perjudicial para Marta, empeoró la situación y provocó resentimiento por parte de su madre.
El 18 de febrero de 1950, durante la celebración de carnaval, Marta le entregó a Annarella dinero para comprar pasta, carbón y aceite. La niña salió de casa alrededor de las siete y media de la tarde, donde primero se encontró con una amiga y luego con Leonello Aidi, un jardinero de 25 años que en el pasado había vivido con su esposa en el sótano de los Bracci. Él le compró unas castañas y Annarella continuó con sus mandados. Consiguió la pasta y el carbón, pidió aceite en casa de una vecina y emprendió el regreso, pero nunca llegó a destino.
Ante la desaparición de Annarella, Marta recorrió el barrio y denunció su desaparición esa misma noche. Sin embargo, la policía inicialmente creyó que la niña se había quedado en los festejos y destacó que muchos agentes estaban concentrados en las protestas que se desarrollaban en Roma. Solo al día siguiente comenzaron a tomar en serio el reclamo, aunque durante varios días sostuvieron la hipótesis de una fuga.
Mientras la policía demoraba la investigación, los vecinos organizaron una búsqueda propia, en la que participó Leonello como voluntario. La causa se abrió formalmente el 23 de febrero, cinco días después de la desaparición, cuando la actuación de las autoridades ya era objeto de críticas públicas.
Los primeros interrogatorios se dirigieron a la familia. Marta quedó detenida por no poder precisar sus movimientos y debido a su relación conflictiva con la hija. Su hijo Mariano declaró sobre los malos tratos en el hogar, pero no se encontraron pruebas que vincularan a Marta con la desaparición.
El 3 de marzo, el abuelo de Annarella halló el cuerpo de la niña en un pozo cercano a Prima Porta. Según manifestó, un sueño lo condujo hasta ese lugar. La autopsia confirmó que Annarella había recibido múltiples golpes en la cabeza, presentaba heridas defensivas en una mano y tenía agua en los pulmones, indicios de que aún estaba viva cuando fue arrojada al pozo.
La aparición del cuerpo volvió a centrar las sospechas en Leonello, una de las últimas personas que la había visto. Marta reveló que él solía acercarse a su hija con regalos y otros vecinos afirmaron que tenía comportamientos similares con otras chicas jóvenes del barrio.
Ante la presión, Leonello confesó que se había encontrado nuevamente con Annarella después de comprarle las castañas y la había invitado a caminar hacia un descampado, donde intentó abusar de ella. Cuando ella se resistió y gritó, la golpeó con un palo en el que había un clavo y luego arrojó su cuerpo al pozo. Posteriormente regresó a su casa y horas más tarde ayudó a Marta en la búsqueda.
El juicio comenzó en noviembre de 1951, pero Leonello se retractó y alegó que su confesión había sido obtenida bajo violencia policial. En febrero del año siguiente fue absuelto por falta de pruebas.
Poco después, fue detenido nuevamente por agredir a otra joven durante una fiesta y condenado a tres años de prisión. La fiscalía apeló la absolución en el caso de Annarella y logró que el fallo fuera revocado. Finalmente, Leonello fue declarado culpable y condenado a 26 años de prisión, aunque en 1961 un tribunal superior anuló la sentencia y ordenó su liberación. Tiempo después volvió a prisión por otro ataque contra una mujer.
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