Apuntan contra Sturzenegger y Bullrich, Kicillof en la trampa de Cristina y Massa y una economía que no derrama

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Los amores políticos suelen ser amores piratas: dulces pero con aroma de trampa, como diría el Dr. Paz Martínez, autor de la tesis «Amor pirata». Así lo evidencia el frenesí de ajustes de cuentas que se vivió en el Gobierno y la oposición tras la sesión del jueves en el Senado, que desbarató la propuesta original de la ley de inviolabilidad de la propiedad. La primera reacción del oficialismo fue desatar una oleada de filtraciones a través de medios afines contra Federico Sturzenegger, portavoz del programa de desregulación. Esta fue una señal clara de un “amor pirata” con olor a purga.

Apuntan contra Sturzenegger y Bullrich, Kicillof en la trampa de Cristina y Massa y una economía que no derrama

En la misma serie de filtraciones, Patricia Bullrich fue señalada como responsable del fracaso en la aprobación del proyecto, que fue desmembrado para eliminar los capítulos sobre Villas, Tierras Fiscales y Fuego, iniciativas que lo justificaban. El tufillo a purga en el Gobierno en torno a estas dos figuras no sorprende, pues ninguno de ellos fue autor de las iniciativas originales, que surgieron en despachos de organismos privados que elaboran proyectos para un gobierno que carece de programas propios y funcionarios consolidados. Sturzenegger y Bullrich son, en realidad, portadores de una agenda ajena, que se les encomienda como prueba de lealtad: si tienen éxito, reciben premio; si fracasan, enfrentan la hoguera. No es extraño que quienes son verdugos terminen convertidos en víctimas, pagando por errores ajenos, como ocurrió con María Julia, utilizada para cargarle culpas del menemismo.

La serie de tropiezos sufridos por el Gobierno en la semana es resultado no solo de la falta de manejo político de Sturzenegger y Bullrich, sino también de la fragilidad del método político empleado. Javier Milei se beneficia y alimenta una polarización maniquea, que puede funcionar en disputas donde la sociedad se percibe dividida en términos absolutos, como la clásica confrontación entre peronismo y no peronismo en Argentina. Fue esa división la que impulsó su llegada a la Presidencia y el éxito en las elecciones parlamentarias del año pasado, ya que representó al no peronismo, minoritario en los grandes distritos clave. Sin embargo, en temas que atraviesan transversalmente a la sociedad, la polarización resulta ineficiente. El Gobierno arriesga su futuro en 2027 al entrar en una disputa en torno a temas sensibles, como el fútbol en un año mundialista y la cuestión territorial.

El uso de consignas malvineras mezcladas con el triunfo sobre Inglaterra llevó al Gobierno a una serie de errores. El más evidente fue la ausencia de representantes oficiales argentinos en la entrega de medallas en la final de la Copa del Mundo. Mientras Donald Trump, el rey de España, el primer ministro de Canadá y la presidenta de México asistían, el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, quien tenía dos entradas —una pagada por él y otra que le daba acceso VIP a la ceremonia— no estuvo presente; y tampoco asistieron otros dirigentes. Este vacío denota que no se comprendió el contexto ni el valor simbólico de esos actos.

La derrota en el Senado habilita un nuevo ciclo de purgas. Sturzenegger es señalado como verdugo más que como responsable, y Patricia Bullrich puede sentirse víctima de una encerrona. Esto tiene fundamento, ya que el Gobierno no contactó a los gobernadores peronistas aliados para que sus legisladores apoyaran los capítulos sobre Tierra y Fuego en el proyecto. Figuras como Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Rolo Figueroa y Hugo Passalacqua habían anticipado que votarían en contra, lo que precipitó la caída del capítulo Tierra días antes de la sesión. Bullrich quedó aislada, llegando a mantener conversaciones en público con Olivos por un teléfono manos libres durante la sesión, ante la mirada atenta de senadores peronistas como José Mayans y Juliana Di Tullio, quienes acabaron por sumar votos para asegurar la derrota del proyecto. Finalmente, Olivos ordenó retirar el Capítulo IV.

Bullrich solo pudo desahogarse en Twitter recordando que “el tango se baila de a dos”, aludiendo quizá a la negociación con la oposición o con sus propios mandantes para evitar ser sacrificada. Perdió la pulseada interna frente a Victoria Villarruel, quien autorizó el voto remoto de Anabel Fernández Sagasti con la frase: “Porque tengo nafta”. Hoy, Bullrich tiene poca energía, reflejada en un discurso final desarticulado y en gestos poco convencionales para la formalidad del Senado.

La victoria del peronismo tiene múltiples autores, mientras que la derrota oficialista quedará sin responsables claros, con “perejiles” que pagan el costo. Sergio Massa buscó adjudicarse el mérito al asegurar que convenció a los gobernadores del interior para votar en contra, aunque estos se habían manifestado mucho antes. La relación entre Massa y los gobernadores sigue siendo cordial: el viernes se los vio firmar convenios para compensar deudas cruzadas con el Estado y comprometer obras para 2025, acuerdos que aseguran su apoyo político. Una senadora recordó que Di Tullio fue la verdadera artífice de los votos y ella misma reconoció que su anonimato era un obstáculo para aparecer como la líder del triunfo. Desde el cristinismo, se exalta a Massa para aislar al gobernador Axel Kicillof en su precampaña presidencial, dificultando su proyecto político.

Frente a este escenario, reaparecen hipótesis sobre un cambio de época, ligadas a la economía. El consultor Fernando

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